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¿Por qué una persona con una adicción sigue consumiendo aunque esté perdiéndolo todo?

Una persona con una adicción puede seguir consumiendo aunque sea consciente del daño que se está causando a sí misma y a su familia, porque la adicción no es un problema de voluntad ni de información: es un trastorno que altera los circuitos cerebrales de recompensa, motivación, aprendizaje y control inhibitorio. Saber las consecuencias no basta para detener el consumo cuando esos mecanismos ya están alterados.

Esta es una de las preguntas que más desconcierta a las familias: «Si sabe que el consumo le está destruyendo la vida, ¿por qué no lo deja?». Desde fuera es difícil comprender que alguien continúe consumiendo después de sufrir conflictos familiares, problemas económicos, consecuencias laborales o deterioro de su salud — incluso después de prometer, sinceramente arrepentido, que no volverá a pasar.

Esta aparente contradicción lleva con frecuencia a interpretar la conducta como falta de voluntad, irresponsabilidad o falta de interés por la familia. Sin embargo, la dificultad para controlar el consumo pese a las consecuencias negativas es precisamente uno de los rasgos característicos de los trastornos por consumo de sustancias.

¿Por qué querer dejarlo no es suficiente?

Muchas personas con una adicción quieren dejar de consumir. Son conscientes del daño que provocan, sienten culpa después de hacerlo, e incluso realizan intentos repetidos de abandonar la sustancia.

El DSM-5-TR incluye entre los criterios diagnósticos de los trastornos por consumo de sustancias el deseo persistente o los intentos infructuosos de reducir o controlar el consumo, el craving o deseo intenso de consumir, el incumplimiento de obligaciones, y la continuación del consumo pese a problemas sociales, psicológicos o físicos derivados.

Aquí aparece una de las grandes paradojas de la adicción: una persona puede conocer perfectamente las consecuencias de su conducta y, aun así, tener enormes dificultades para modificarla. No es un problema de información — decirle repetidamente a alguien que el consumo perjudica su salud, su pareja o su trabajo aporta poco cuando esa persona ya lo sabe.

La pregunta relevante deja de ser «¿por qué no se da cuenta?» para convertirse en «¿qué mecanismos hacen que continúe consumiendo a pesar de haberse dado cuenta?».

¿Cómo aprende el cerebro a buscar alivio en la sustancia?

Las sustancias psicoactivas interfieren en los sistemas cerebrales relacionados con la recompensa, la motivación, el aprendizaje y la respuesta al estrés.

En las primeras etapas, el consumo suele estar ligado a la búsqueda de efectos agradables: euforia, desinhibición, relajación, energía o mayor facilidad para relacionarse. Pero el patrón evoluciona: con la repetición, el cerebro aprende a asociar determinados contextos con el consumo. Una persona, un lugar, una canción, recibir dinero, terminar la jornada laboral, una discusión de pareja o simplemente estar solo en casa pueden convertirse progresivamente en desencadenantes.

Por eso alguien que llevaba semanas convencido de no querer volver a consumir puede sentir de pronto un deseo intenso ante determinados estímulos. No significa que haya cambiado de opinión: significa que el aprendizaje asociado al consumo puede activar respuestas automáticas que requieren estrategias específicas para manejarse.

¿Por qué se pasa de consumir para sentirse bien a consumir para no sentirse mal?

Al principio, muchas personas consumen buscando placer. Con el tiempo, una parte del consumo pasa a estar motivada por algo distinto: evitar o aliviar el malestar. Ansiedad, irritabilidad, vacío, aburrimiento, tristeza, tensión, insomnio o síntomas de abstinencia se convierten en potentes desencadenantes, porque la persona aprende que consumir produce alivio inmediato — aunque las consecuencias posteriores sean mucho peores.

En psicología, este mecanismo se llama refuerzo negativo: una conducta aumenta su probabilidad de repetirse porque permite eliminar o reducir temporalmente una experiencia desagradable. Se genera así un círculo difícil de romper:

malestar → deseo de consumir → consumo → alivio inmediato → consecuencias negativas → nuevo malestar → mayor vulnerabilidad ante un nuevo consumo

Paradójicamente, la sustancia que en un principio parecía aliviar el malestar termina contribuyendo a mantenerlo.

¿Por qué no basta con «tener mucho que perder»?

Tener mucho que perder puede aumentar la motivación para recuperarse, pero no garantiza por sí solo la capacidad de detener una conducta adictiva. Una persona puede querer profundamente a sus hijos y seguir consumiendo; puede valorar su matrimonio y continuar haciéndolo; puede saber que pone en peligro su trabajo y volver a consumir.

Esto es especialmente doloroso para las familias, porque puede interpretarse como una elección — «ha preferido la droga antes que a nosotros». La realidad clínica es más compleja: en los trastornos adictivos se alteran procesos relacionados con la motivación, la recompensa, el aprendizaje, el control inhibitorio y la toma de decisiones, mientras que los estímulos asociados al consumo adquieren una relevancia desproporcionada. Esto no elimina la responsabilidad de la persona sobre sus conductas, pero ayuda a entender por qué consecuencias graves no siempre bastan para detener el consumo.

¿Las promesas de «esta ha sido la última vez» son sinceras?

«Esta ha sido la última vez.» «No volverá a pasar.» «Ahora sí lo tengo claro.»

Para una familia que ha escuchado estas frases muchas veces, es comprensible dejar de creerlas. Sin embargo, no todas esas promesas son deliberadamente falsas. Justo después de vivir las consecuencias del consumo, la motivación para dejarlo puede ser muy alta. El problema aparece días después, cuando disminuye el impacto emocional de esas consecuencias y la persona vuelve a enfrentarse al estrés, al craving, a conflictos o a estímulos previamente asociados al consumo.

Tener intención de cambiar y disponer de herramientas para conseguirlo son cosas distintas. La recuperación exige convertir esa intención en estrategias concretas y sostenidas en el tiempo.

¿Es necesario «tocar fondo» para empezar a recuperarse?

No. La idea de que alguien necesita perderlo todo antes de recuperarse sigue muy extendida, pero no existe ninguna necesidad terapéutica de tocar fondo. Las consecuencias negativas pueden aumentar la conciencia del problema y la motivación para cambiar, pero esperar deliberadamente a que la situación empeore expone a la persona y a su entorno a daños evitables. No hace falta perder una pareja, un trabajo, la salud o la relación con los hijos para que un problema de consumo merezca tratamiento — la intervención puede empezar mucho antes.

¿Comprender la adicción significa justificarla?

No. Explicar los mecanismos psicológicos y neurobiológicos de una adicción no elimina la responsabilidad personal. Puede explicar por qué a una persona le resulta tan difícil controlar determinadas conductas, pero no convierte en aceptables las mentiras, las agresiones, la manipulación o los incumplimientos asociados al consumo.

Esta distinción es especialmente importante para las familias: es posible comprender que alguien está enfermo y, al mismo tiempo, establecer límites. Es posible acompañar una recuperación sin asumir las consecuencias del consumo. Y es posible querer a alguien sin protegerlo constantemente de las consecuencias de sus propias decisiones.

¿Qué cambia realmente con el tratamiento?

El tratamiento no consiste en convencer a la persona de que las drogas son perjudiciales — en la mayoría de los casos, ya lo sabe. El trabajo terapéutico busca:

  • Comprender qué función cumple el consumo para esa persona en concreto
  • Identificar los estímulos y situaciones de riesgo
  • Aprender a manejar el craving
  • Desarrollar estrategias de regulación emocional
  • Modificar hábitos y patrones de conducta
  • Construir alternativas reales al consumo

También implica trabajar factores que mantienen la adicción: impulsividad, dificultades interpersonales, baja tolerancia al malestar, aislamiento, problemas familiares, determinados entornos sociales, o la presencia de otros trastornos psicológicos o psiquiátricos asociados. En definitiva, la recuperación es aprender progresivamente a responder de otra manera ante situaciones en las que, durante mucho tiempo, la respuesta automática había sido consumir.

De «¿por qué lo hace?» a «¿qué necesita para cambiar?»

Para una familia puede ser profundamente frustrante ver cómo alguien sigue consumiendo mientras pierde cosas que parecían fundamentales. Comprender la adicción permite cambiar la pregunta: la persona no continúa consumiendo porque no quiera a su familia o desconozca las consecuencias, sino porque en un trastorno adictivo interactúan de forma compleja el aprendizaje, la recompensa, el craving, la regulación emocional, el contexto y la capacidad de control.

Por eso la recuperación exige algo más que buenas intenciones: requiere tratamiento, tiempo, responsabilidad, aprendizaje y cambios sostenidos. Entender estos mecanismos no resta responsabilidad a quien tiene la adicción, pero sí permite abandonar explicaciones basadas solo en la falta de voluntad, y acercarnos a una pregunta mucho más útil: ¿qué necesita esta persona para poder empezar a cambiar?

Preguntas frecuentes

¿Por qué alguien sigue consumiendo si sabe que le está arruinando la vida? Porque la adicción altera los circuitos cerebrales de motivación, recompensa y control inhibitorio. Conocer las consecuencias no es suficiente cuando esos mecanismos ya están alterados — el problema no es de información, sino de capacidad de control.

¿Es cierto que hay que tocar fondo para recuperarse? No. No existe ninguna necesidad terapéutica de tocar fondo. La intervención puede y debe comenzar mucho antes de que la persona lo haya perdido todo.

¿Las promesas de dejarlo son mentira? No necesariamente. Pueden ser sinceras en el momento en que se hacen, pero la intención de cambiar y las herramientas reales para lograrlo son cosas distintas — por eso muchas promesas sinceras no se cumplen sin tratamiento.

¿Entender la adicción significa que la persona no es responsable de lo que hace? No. Comprender los mecanismos de la adicción no elimina la responsabilidad personal sobre conductas como mentir, manipular o incumplir compromisos. Se puede comprender la enfermedad y, al mismo tiempo, mantener límites claros.

Una reflexión final

Después de acompañar a personas y familias en procesos de recuperación, hay algo que considero especialmente importante recordar: detrás de una adicción sigue existiendo una persona. Una persona que muchas veces sabe perfectamente lo que está perdiendo, que puede sentirse culpable por el daño causado y que, aun queriendo cambiar, descubre que querer no siempre es suficiente.

Comprender esto no significa justificarlo todo ni eliminar la responsabilidad sobre las propias decisiones. La recuperación también implica asumir consecuencias, reparar el daño cuando sea posible y aprender a relacionarse de una manera diferente con uno mismo y con los demás.

Pero reducir una adicción a una cuestión de voluntad nos impide comprender su verdadera complejidad. A veces dejamos de preguntarnos qué le ocurre a esa persona y empezamos únicamente a preguntarnos por qué no cambia.

En mi experiencia, el cambio comienza cuando la persona deja de luchar sola contra aquello que durante tanto tiempo ha intentado controlar, y acepta que necesita hacer las cosas de otra manera. Porque pedir ayuda no es rendirse ante la adicción. Muchas veces es precisamente el primer acto de responsabilidad frente a ella.

Alex López De la Torre Psicólogo — Clínica Forum Montau

Referencias

  • American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5th ed., text rev.; DSM-5-TR). American Psychiatric Association Publishing.
  • Koob, G. F., & Volkow, N. D. (2016). Neurobiology of addiction: A neurocircuitry analysis. The Lancet Psychiatry, 3(8), 760–773.
  • Volkow, N. D., Koob, G. F., & McLellan, A. T. (2016). Neurobiologic advances from the brain disease model of addiction. The New England Journal of Medicine, 374(4), 363–371.
  • World Health Organization. (2019). International Classification of Diseases 11th Revision (ICD-11): Disorders due to substance use or addictive behaviours.
  • National Institute on Drug Abuse. Drugs, Brains, and Behavior: The Science of Addiction. National Institutes of Health.

Álex López

Psicólogo general sanitario, especializado en adicciones en Clínica Forum Montau

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