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Romper los automatismos: una actividad para trabajar funciones ejecutivas e identidad en la recuperación de las adicciones

En los procesos de recuperación de una adicción, no basta con dejar de consumir: también hay que aprender a pensar, decidir y relacionarse con uno mismo de una forma nueva. Una actividad tan sencilla como escribir el propio nombre con la mano no dominante puede convertirse en una herramienta potente para trabajar el autocontrol, la flexibilidad mental y la identidad.

¿En qué consiste la actividad?

La propuesta combina dos partes. Primero, cada participante realiza una composición artística de su nombre y apellidos utilizando la mano que no usa habitualmente para escribir. Después, investiga el origen y el significado de su nombre, prepara un pequeño esquema y lo comparte con el grupo.

Detrás de este ejercicio, aparentemente simple, se activan procesos cognitivos, emocionales y sociales que son clave en cualquier proceso de cambio.

¿Por qué cambiar de mano para escribir?

Buena parte de nuestras acciones diarias funcionan en piloto automático: las hacemos sin necesidad de pensar en cada paso. Al usar la mano no dominante, ese automatismo se rompe.

La tarea se vuelve más lenta, menos precisa y exige mucha más atención consciente. La persona tiene que adaptar constantemente su conducta y buscar nuevas estrategias para conseguir el resultado.

Esto no significa que se esté «activando un lado del cerebro»: la neuropsicología actual entiende el cerebro como una red de conexiones distribuidas, y esa idea sería una simplificación excesiva. Lo relevante es otra cosa: generar una situación novedosa que obligue a un control consciente mayor y rompa, aunque sea por unos minutos, un patrón automatizado.

¿Qué funciones ejecutivas se trabajan?

Las funciones ejecutivas son las que nos permiten dirigir la conducta hacia un objetivo y cambiar de estrategia cuando la habitual deja de funcionar. En esta actividad entran en juego varias de ellas:

  • Control inhibitorio: dejar de lado, aunque sea temporalmente, la respuesta motora automática.
  • Flexibilidad cognitiva: probar otra estrategia cuando la primera no da resultado.
  • Memoria de trabajo: mantener en mente las instrucciones y el objetivo mientras se hace la tarea.
  • Planificación: decidir cómo organizar tanto la composición como la posterior exposición.
  • Atención sostenida: mantener la concentración durante todo el proceso.
  • Monitorización: darse cuenta de cómo se está haciendo la tarea y detectar dificultades.
  • Evaluación: valorar, al final, el resultado y la propia experiencia.

Una actividad tan breve permite así que la persona planifique, inhiba, cambie de estrategia, se supervise y evalúe, todo en poco tiempo.

¿Dónde entra la metacognición?

La segunda parte del ejercicio —investigar el propio nombre y prepararlo para exponerlo— añade otra capa: la metacognición, es decir, la capacidad de observar y regular los propios procesos de pensamiento.

Durante esta fase, la persona se hace preguntas como: ¿qué tengo que hacer?, ¿cómo lo organizo?, ¿estoy consiguiendo lo que buscaba?, ¿qué puedo cambiar?, ¿qué he aprendido?

Podemos entender toda la actividad como una secuencia: planificación → ejecución → monitorización → modificación → evaluación → reflexión. Esta capacidad de observarse y ajustarse es especialmente valiosa cuando el objetivo es cambiar patrones de conducta arraigados.

¿Qué aporta investigar el propio nombre?

Aquí la actividad da un giro: de trabajar con las manos, se pasa a investigar sobre uno mismo. ¿De dónde viene mi nombre? ¿Qué significa? ¿Por qué me lo pusieron? ¿Qué historia hay detrás de mis apellidos?

No se busca establecer que el origen de un nombre determine la personalidad de quien lo lleva. El objetivo es abrir un espacio de curiosidad, autoconocimiento y construcción narrativa.

En un proceso de recuperación, reconstruir la propia historia puede tener un peso importante. La persona no se reduce a su consumo o a su diagnóstico: también tiene una historia previa, vínculos, decisiones, pérdidas y aprendizajes que forman parte de una identidad que puede seguir construyéndose.

Los últimos minutos de la actividad están dedicados a compartir ese esquema con el grupo. Exponerse ante los demás añade una experiencia añadida de afrontamiento y regulación emocional.

¿Por qué es útil para el proceso de recuperación?

En las adicciones, ciertos patrones de pensamiento y conducta funcionan de forma muy automatizada. Aprender a introducir un pequeño espacio entre el estímulo y la respuesta es uno de los objetivos centrales del tratamiento.

Esta actividad, aunque sencilla, permite trabajar de forma integrada:

  • Funciones ejecutivas: inhibición, memoria de trabajo, planificación y flexibilidad.
  • Metacognición: planificar, supervisar y evaluar la propia actuación.
  • Tolerancia a la frustración: aceptar los errores y seguir adelante.
  • Identidad: explorar el propio nombre y la propia historia.
  • Comunicación e interacción grupal: organizar información, exponerla y ser escuchado por los demás.

Recuperarse no es solo dejar de hacer algo: también es aprender nuevas formas de pensar, actuar y relacionarse con uno mismo.

Preguntas frecuentes

¿Esta actividad «activa» una parte concreta del cerebro? No. El funcionamiento cerebral depende de redes distribuidas e interconectadas, no de zonas aisladas. Lo que la actividad consigue es generar una situación novedosa que exige más atención y control consciente, rompiendo momentáneamente un patrón automático.

¿Es necesario tener experiencia artística para hacer el ejercicio? No, el objetivo no es el resultado estético, sino el proceso: la lentitud, la dificultad y la necesidad de adaptarse son justamente lo que hace valiosa la actividad.

¿Qué tipo de profesional puede aplicar esta dinámica? Terapeutas ocupacionales, psicólogos y educadores sociales especializados en adicciones pueden incorporarla como parte de un programa socioeducativo, siempre acompañada de una reflexión grupal guiada.

¿Sirve solo para personas en tratamiento por adicciones? El ejercicio trabaja procesos (funciones ejecutivas, metacognición, identidad) útiles en cualquier proceso de cambio conductual, aunque en adicciones cobra un significado especialmente relevante por el peso de los automatismos en el consumo.

Referencias:

De la Portilla Maya, S. R., & Arboleda-Sánchez, V. A. (2023). Metacognición y Funciones Ejecutivas: Importancia Clínica para la Salud Mental. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 93–108

Bausela Herreras, E. (2014). Funciones ejecutivas: Nociones del desarrollo desde una perspectiva neuropsicológica. Acción Psicológica, 11(1), 21–34. http://dx.doi.org/10.5944/ap.1.1.13789

Bogado Quiñónez, J. G., Torres Almirall, T. M., Ovelar Fernández, M. E., & Noldin Cáceres, C. A. (2023). Dominancia cerebral, lateralidad y percepción del uso de la mano no dominante en estudiantes de la carrera de medicina de la UNIDA.

Redacción
Equipo Alicante Murcia

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