Un estudio piloto de Forum Salud Mental y Balance Phone, realizado con cuatro pacientes en tratamiento activo por adicciones entre febrero y mayo de 2026, muestra que sustituir el smartphone convencional por uno con estímulos restringidos —sin redes sociales, navegador ni apps de consumo infinito, pero manteniendo WhatsApp, Spotify, Waze o Wikiloc— se asoció a una reducción del uso problemático del móvil y a mejoras en sueño, autocontrol y bienestar psicológico. Los resultados son preliminares, dado el tamaño reducido de la muestra y la ausencia de grupo control, pero abren una línea de investigación sobre el papel del bienestar digital en el tratamiento de las adicciones.
El teléfono móvil se ha convertido en una extensión de nuestra vida cotidiana. Lo utilizamos para comunicarnos, orientarnos, trabajar, escuchar música, hacer gestiones y acceder a información. Pero en ese mismo dispositivo conviven también redes sociales, notificaciones, scroll infinito, compras, apuestas, aplicaciones de citas y contenidos diseñados para conseguir algo muy concreto: que sigamos mirando.
En personas en tratamiento por una adicción, esta realidad plantea una cuestión especialmente relevante: ¿qué ocurre si mantenemos la utilidad del smartphone, pero eliminamos buena parte de los estímulos que favorecen el uso impulsivo, la búsqueda de recompensa inmediata o la evitación emocional? Esta es la pregunta que llevó a Forum Salud Mental y Balance Phone a desarrollar un estudio piloto para explorar el uso de un smartphone restringido como herramienta complementaria dentro del tratamiento de las adicciones. Y los primeros resultados abren una línea de investigación que merece seguir explorándose.
¿En qué consistió el estudio?
El proyecto se diseñó como un estudio piloto prospectivo y longitudinal de múltiples casos, realizado entre febrero y mayo de 2026 con cuatro pacientes —dos hombres y dos mujeres— que se encontraban en tratamiento activo. Los participantes fueron evaluados desde una línea base inicial y posteriormente cada quince días hasta completar una evaluación final. El objetivo era observar no solo qué ocurría antes y después de la intervención, sino también cómo evolucionaban los pacientes durante el proceso.
Para ello se utilizaron diferentes instrumentos psicométricos validados: SABAS, para evaluar el uso problemático del smartphone; NMP-Q, para nomofobia; WHO-5, para bienestar psicológico; DASS-21, para depresión, ansiedad y estrés; PSQI, para calidad del sueño, y BSCS, para autocontrol. A estas medidas se añadió un cuestionario clínico propio que permitió seguir variables como el impulso de utilizar el móvil, su utilización para regular emociones, la ansiedad ante la restricción, la interferencia en el sueño y el tratamiento, la adherencia y el beneficio percibido.
¿Qué es un smartphone restringido y en qué se diferencia de no usar móvil?
La intervención no consistió en retirar completamente el teléfono ni en pedir a los participantes que dejaran de utilizar tecnología. El planteamiento fue diferente: reducir estímulos sin renunciar a las funciones necesarias para la vida cotidiana.
Para el estudio, Balance Phone desarrolló una configuración específica adaptada a las necesidades clínicas de los pacientes de Forum Salud Mental. El dispositivo mantenía aplicaciones seleccionadas como WhatsApp, Spotify, Waze o Wikiloc, además de las funciones básicas de comunicación y movilidad. En cambio, se restringió el acceso a redes sociales, navegadores web, correo electrónico, plataformas de contenido de consumo infinito y otras aplicaciones susceptibles de favorecer patrones de impulsividad, evitación emocional o conductas adictivas.
La pregunta, por tanto, no era si una persona podía vivir sin smartphone, sino qué cambia cuando el teléfono deja de ofrecer acceso permanente a estímulos altamente reforzadores.
¿Qué resultados se observaron?
Los cuatro participantes terminaron el estudio con una reducción del uso problemático del smartphone, aunque las trayectorias fueron diferentes y no siempre lineales. También se observaron mejoras en diferentes indicadores de bienestar psicológico, sueño, autocontrol, interferencia funcional y uso emocional del dispositivo, con distinta magnitud según cada participante.
Algunos datos resultan especialmente ilustrativos. Uno de los participantes con mayor alteración inicial del sueño pasó de una puntuación PSQI de 20/21 a 4/21. Otro participante aumentó su puntuación de autocontrol BSCS de 20/65 a 39/65. En los casos N3 y N4, el uso problemático del smartphone descendió hasta niveles muy bajos o mínimos al finalizar el seguimiento.
Pero quizá uno de los hallazgos más interesantes del estudio apareció precisamente donde la evolución no fue perfecta.
¿Reducir el uso del móvil elimina la ansiedad?
No necesariamente. Uno de los participantes presentó una respuesta conductual muy favorable respecto al smartphone, pero terminó el estudio manteniendo ansiedad moderada y estrés severo. Otro mostró una evolución positiva, aunque fluctuante, y conservó cierta vulnerabilidad emocional al finalizar el seguimiento. Esto ayuda a introducir un matiz clínico fundamental.
A veces utilizamos el teléfono para regular lo que sentimos: aburrimiento, ansiedad, estrés, soledad o malestar. En esos casos, el smartphone puede funcionar como una vía rápida de distracción o evitación. Pero la relación también puede funcionar en la dirección contraria: la hiperestimulación, la comparación constante, las interrupciones y la exposición continua a recompensas inmediatas pueden contribuir al propio malestar.
Por eso, probablemente la pregunta no sea simplemente «¿el móvil genera ansiedad o lo utilizamos porque tenemos ansiedad?». En muchas personas pueden coexistir ambos mecanismos, y retirar determinados estímulos digitales puede modificar una parte del problema sin resolver necesariamente aquello que existe debajo.
Por eso los resultados de este piloto apoyan una idea especialmente importante para Forum Salud Mental: una herramienta tecnológica puede complementar el tratamiento, pero no sustituir el abordaje psicológico o psiquiátrico cuando existe sintomatología emocional de base.
¿Toda dificultad para prescindir del móvil es adicción?
El estudio reveló otra cuestión inesperadamente relevante. Algunas de las principales dificultades que manifestaron los participantes al utilizar el teléfono restringido no estaban relacionadas con echar de menos las redes sociales, sino con vivir en una sociedad que prácticamente obliga a utilizar un smartphone convencional.
Correo electrónico, buscadores, banca digital, códigos QR, aplicaciones sanitarias, trámites administrativos, sistemas de autenticación o determinadas herramientas necesarias para estudiar y trabajar aparecieron como barreras durante el proceso. Esta distinción es clínicamente importante: no todo uso frecuente del móvil es dependencia, y no toda dificultad para prescindir de él es adicción. Existe también una dependencia funcional del ecosistema digital que debemos diferenciar del uso impulsivo, emocional o problemático.
Este aprendizaje permitirá seguir perfeccionando herramientas de reducción de daño digital que sean restrictivas donde resulte clínicamente útil, pero suficientemente funcionales para integrarse en la vida real.
No se trata de dominizar la tecnología
El objetivo del proyecto nunca fue defender una vida sin smartphones. Precisamente, uno de sus aspectos más interesantes es que los cambios se observaron sin eliminar completamente el dispositivo. La intervención mantuvo sus funciones esenciales y actuó selectivamente sobre determinados estímulos digitales. Los resultados preliminares plantean así la posibilidad de trabajar no solo sobre el tiempo de pantalla, sino sobre algo quizá más importante: qué hacemos durante ese tiempo y qué función psicológica cumple ese uso.
Como explica Inés C. Lemmel, psicóloga especialista en adicciones de Forum Salud Mental:
«No pretendemos demonizar la tecnología. Queremos entender qué ocurre cuando dejamos de exponer al cerebro constantemente a estímulos que compiten por nuestra atención. El objetivo no es vivir sin tecnología, sino aprender a utilizarla sin que sea ella quien decida continuamente dónde ponemos nuestra atención.»
¿Qué limitaciones tiene el estudio?
Los resultados obtenidos son prometedores y clínicamente relevantes, aunque deben interpretarse teniendo en cuenta el carácter piloto del estudio y el reducido tamaño de la muestra. Más que ofrecer conclusiones definitivas, esta primera experiencia permite identificar tendencias y generar nuevas preguntas de investigación sobre el papel que puede tener la reducción estructurada de estímulos digitales dentro del tratamiento de las adicciones.
Los hallazgos obtenidos plantean ahora el siguiente reto: ampliar la muestra, incorporar un grupo control y medidas objetivas de uso digital, identificar qué perfiles pueden beneficiarse especialmente de este tipo de intervención y analizar si los cambios observados se mantienen a medio y largo plazo. Este estudio constituye, por tanto, un punto de partida para seguir investigando cómo integrar herramientas de bienestar digital dentro de la práctica clínica.
Hacia una nueva forma de entender el bienestar digital
La colaboración entre Forum Salud Mental y Balance Phone abre una línea de trabajo que va más allá de preguntar cuántas horas utilizamos el teléfono. Nos obliga a preguntarnos para qué lo utilizamos: qué buscamos cuando lo desbloqueamos sin necesidad, qué emociones intentamos evitar, qué estímulos capturan nuestra atención, qué conductas facilita, qué parte de su uso necesitamos realmente y qué parte hemos automatizado.
En pacientes con adicciones, estas preguntas adquieren todavía mayor relevancia, porque el smartphone puede convertirse en una puerta de acceso inmediata a estímulos de riesgo, gratificación rápida y patrones de comportamiento que interfieran en la recuperación.
Los resultados preliminares de este estudio sugieren que reducir de forma estructurada determinados estímulos digitales, manteniendo las funciones útiles del smartphone, puede favorecer una relación más consciente y funcional con la tecnología. No sabemos todavía hasta dónde puede llegar esta estrategia, pero precisamente por eso merece seguir investigándose. Porque quizá el futuro del bienestar digital no consista en utilizar menos tecnología, sino en diseñar una tecnología que nos resulte más fácil utilizar mejor.
Preguntas frecuentes
¿Qué es Balance Phone?
Balance Phone es la organización que desarrolló, junto con Forum Salud Mental, la configuración de smartphone restringido utilizada en este estudio piloto: un dispositivo que mantiene funciones esenciales (comunicación, navegación, música) y restringe redes sociales, navegador y otras apps de consumo infinito.
¿Cuánto duró el estudio y con cuántos pacientes se realizó?
El estudio se desarrolló entre febrero y mayo de 2026, con cuatro pacientes (dos hombres y dos mujeres) en tratamiento activo por adicciones, evaluados en línea base y cada quince días hasta una evaluación final.
¿Un smartphone restringido sustituye el tratamiento psicológico de las adicciones?
No. Los resultados del estudio muestran que reducir estímulos digitales puede mejorar el uso problemático del móvil, el sueño o el autocontrol, pero no resuelve por sí solo el malestar emocional de base. Es una herramienta complementaria, no un sustituto del abordaje psicológico o psiquiátrico.
¿Toda dificultad para prescindir del móvil es una señal de adicción?
No necesariamente. El estudio distingue entre el uso problemático o emocional del smartphone y la dependencia funcional del ecosistema digital (banca, correo, códigos QR, trámites administrativos), que responde a exigencias sociales y no a un patrón adictivo.
¿Qué limitaciones tiene este estudio?
Es un estudio piloto con una muestra reducida de cuatro pacientes y sin grupo control, por lo que sus resultados son preliminares y no permiten establecer relaciones causales ni generalizar los hallazgos a otras poblaciones.
Sobre el estudio: el proyecto ha sido desarrollado conjuntamente por Forum Salud Mental y Balance Phone como estudio piloto prospectivo y longitudinal entre febrero y mayo de 2026. Participaron cuatro pacientes en tratamiento activo y se realizaron evaluaciones repetidas mediante instrumentos psicométricos y seguimiento clínico. Debido al tamaño muestral y a la ausencia de grupo control, sus resultados son preliminares y no permiten establecer relaciones causales ni generalizar los hallazgos.
