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Ansiedad y depresión: cómo identificarlas, afrontarlas y prevenirlas

En una sociedad cada vez más acelerada, la ansiedad y la depresión se han convertido en dos de las problemáticas de salud mental más comunes. En entrevista con Nuria Martín Albó, psicóloga de Fórum Girona, exploramos cómo diferenciarlas, qué factores las originan y qué estrategias pueden ayudarnos a prevenirlas y tratarlas.

Ansiedad vs. depresión: diferencias y puntos en común

Aunque son trastornos diferentes, comparten un origen común: la forma en la que afrontamos nuestro día a día y cómo gestionamos nuestros pensamientos y emociones.

  • Ansiedad: agitación, tensión física, sudoración, aceleración mental y corporal.
  • Depresión: cansancio generalizado, pérdida de interés en actividades placenteras, aislamiento social, alteraciones del sueño y del apetito.

Ambas pueden presentarse juntas, lo que dificulta identificarlas. En ocasiones, la persona se acostumbra a vivir con estos síntomas sin ser consciente de que necesita ayuda.

Depresión enmascarada: el caso invisible

Nuria advierte sobre un fenómeno complejo: personas que cumplen con sus responsabilidades, socializan y aparentan bienestar, pero internamente arrastran una depresión profunda. Esta “funcionalidad” aparente retrasa la búsqueda de ayuda y puede agravar el cuadro.

Factores que alimentan la ansiedad y la depresión

La autoexigencia extrema es uno de los detonantes más frecuentes. Crianzas rígidas, necesidad de perfección, miedo a fallar y presión por cumplir expectativas ajenas generan un terreno fértil para ambos trastornos. La falta de habilidades para poner límites, tanto a los demás como a uno mismo, agrava el problema.

El papel de los pensamientos automáticos

Nuestros pensamientos pueden ser grandes aliados o enemigos silenciosos. Los pensamientos automáticos y distorsionados —creencias irracionales, interpretaciones negativas, suposiciones sin base real— pueden alimentar el malestar y llevarnos a tomar malas decisiones.
Aprender a identificarlos, cuestionarlos y modificarlos es un pilar en el tratamiento, ya que no todos los pensamientos son hechos, y no todos nos benefician.

Terapias más efectivas

La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) cuenta con la mayor evidencia científica para tratar la ansiedad y la depresión.
También ganan protagonismo las terapias de tercera generación, como Aceptación y Compromiso (ACT), y técnicas como EMDR para el abordaje de traumas que pueden estar en la raíz del problema.

Cuándo pedir ayuda profesional

No siempre es fácil diferenciar entre un bajón puntual y un trastorno que requiere tratamiento. Nuria recomienda acudir a un especialista cuando:

  • El malestar interfiere con la vida cotidiana.
  • Hay aislamiento social o pérdida de interés prolongada.
  • Aparecen problemas de sueño, irritabilidad o fatiga constante.
  • Surge la duda de si “algo no está bien”.

En salud mental, más vale prevenir que curar: ante la duda, consultar.

Frases que no ayudan

Mensajes como “anímate”, “todo pasa” o “no es para tanto” pueden invalidar el dolor emocional y empujar a la persona a ocultar lo que siente. En su lugar, es más útil escuchar, validar y preguntar: “¿Qué necesitas?” «¿Cómo puedo ayudarte?».

Hábitos que ayudan en la prevención y recuperación

  • Mantener una rutina saludable con horarios regulares.
  • Higiene del sueño: dormir lo suficiente y de forma reparadora.
  • Ejercicio físico: aunque cueste empezar, tiene beneficios a largo plazo.
  • Actividades gratificantes: recuperar aficiones o explorar nuevas.
  • Diferenciar lo que me apetece de lo que me beneficia: a veces lo mejor para el bienestar no es lo más fácil en el momento.
  • Apoyo social: pedir compañía o ayuda para iniciar hábitos positivos.

Aceptar el proceso

La recuperación no es inmediata. Requiere tiempo, constancia y acompañamiento profesional. Retomar actividades que antes nos gustaban, aunque no las disfrutemos igual al principio, puede ser una buena puerta para reactivar la motivación y la esperanza.

En Forum Salud Mental creemos que pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino de valentía. La ansiedad y la depresión tienen tratamiento y, con el acompañamiento adecuado, es posible recuperar el equilibrio y el bienestar.

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